Las palabras flotaban en el aire, un desafío, una confesión.
Eisdrache estaba en silencio, con la mente acelerada, el corazón latiendo con fuerza en el pecho. Miró a Leevanna, la miró de verdad, por primera vez en lo que le pareció una eternidad.
Su voz se había llenado de la desesperación de contestarle. Y algo más. Algo que sonaba mucho a amor.
Sus ojos se llenaron de emoción cruda y sin filtros.
—Te quiero a ti —dijo de nuevo. —Y yo... No me quedé contigo porque pensé que solo me querías de