El final de octubre estaba a la vuelta de la esquina, y cuando las hojas comenzaron a adquirir tan bonitos tonos rojos y naranjas antes de caer al suelo para dejar que nacieran las nuevas flores, Leevanna Vaughan estaba teniendo problemas para entender qué se suponía que debía encontrar para la primera prueba del torneo. Estaba a punto de abrirse la cabeza por ello y desde luego no estaba bromeando en absoluto. El acertijo que le habían dado parecía tan fácil y a la vez tan difícil de entender.