CAPÍTULO 45. Un pasado que no puede enterrarse
Nate pasó saliva cuando vio a Blair asentir suavemente, pero era obvio que los dos entendían que momentos como aquel no se podían retrasar.
—Lo siento mucho —murmuró él con una mezcla de nerviosismo y vergüenza—. No debí gritarte así, no debí eso de esa manera... ¡Maldición! A estas alturas ya no sé ni lo que debo decir.
—Yo también lo siento —respondió Blair arrugando el edredón en su regazo—. No se supone que deba cuestionarte estas cosas, pero... No puedes decir cosas como las que dijiste, N