CAPÍTULO 44. Culpa
Blair solo sintió el tirón y la respiración acelerada de Nate pegándola a su cuerpo, mientras aquel auto pasaba a centímetros de los dos pitando como loco.
—¡Dios, me vas a matar, me vas a matar de un infarto! —gritó él por el susto—. ¡¿Qué diablos tienen tú los carros que no pueden mantenerse separados, mujer!? ¡¿Por qué no te paras cuando te digo que te pares!?
—¡¿Y tú por qué diablos me mientes cuando no deberías hacerlo!? —replicó ella intentando secarse nerviosamente las lágrimas—. ¡¿Cómo