CAPÍTULO 38. ¡Dime que tienes a la niña!
Ranger no sabía exactamente qué estaba buscando, pero llevaba en la sangre esa capacidad para rastrear y una lógica perfecta en la que las piezas se iban uniendo poco a poco, incluso aunque al inicio no significaran nada. Así que esperó pacientemente a que la mujer al teléfono le diera una respuesta.
—Tres mil ochocientos cuarenta y cinco —dijo la señorita del banco—. Es la suma que acaban de retirar hace unos minutos, tres mil ochocientos cuarenta y cinco. ¿Hay algún problema con la cuenta? ¿Q