SAMAY
Me siento tan puta que alzo la cadera ofreciéndola.
—Sí, con ella—me baja la cadera con la mano que estaba en mi pierna tomando el control—y lamerla tanto hasta que te vengas en mi boca.
—Nada se interpone—necesito que lo haga o moriré.
—Lo sé—Sonríe derritiéndome más. Es que no necesita de mucho para deshacerme, la mera presencia es suficiente para querer comérmelo.
No me mira, mantiene los ojos clavados en mi sexo atragantándome con la saliva, las mejillas están más que caliente y la re