ZAYED
Llego a la casa sintiendo el peso de mis decisiones aplastarme. Cada paso que doy parece más pesado que el anterior, como si el remordimiento, algo a lo que no estoy acostumbrado, se colara por cada poro de mi piel. No soy una buena persona, lo sé. No me hago ilusiones de merecer la paz o la redención, y sin embargo, el anhelo de tener algo más, algo que se parezca remotamente a la felicidad, me carcome. Es un deseo egoísta, lo sé, pero no puedo evitarlo.
El aire está tenso en la mansión.