—Mañana te recogerá una camioneta y te llevará a mi mansión, dime dónde quieres que te encuentre y mis hombres estarán ahí esperándote. Prepara tus cosas y las de tu hijo. O si no quieres traer nada, te lo compro todo. Realmente no me importa.
—No, no, la verdad es que no es necesario. El día que te permita volver a comprar algo para mí o para mi hijo será porque me lo habré ganado con mi trabajo, ¿vale?
Lucian la miró como rara vez había mirado a una mujer. Era una mujer valiente, una mujer ca