El reloj de pared en la oficina presidencial de FV's Industries marcaba casi las ocho de la noche. Tras una jornada extenuante y el ajetreo tras la salida repentina de Rebeca al médico, el silencio finalmente reinaba en el piso ejecutivo.
Maryorie cerró su computadora portátil con un suspiro pesado, masajeándose las sienes.
—Llegó la hora del calvario —murmuró mirando a Armando, quien revisaba unas notas junto al ventanal.
—¿No me digas que sigues considerando faltar a la recepción de tu tía? —