A miles de kilómetros de la humedad gris de su ciudad, Vanessa respiraba un aire completamente distinto en las calles de París. El viaje al extranjero, que en un principio sintió como un exilio forzado por su madre, se había transformado en su mayor liberación.
Mientras caminaba por las galerías de la Place Vendôme o disfrutaba de largas jornadas de spa frente al Sena, Vanessa echó por la borda cualquier intento desesperado de cumplir los viejos sueños de su madre. En el fondo, entendió las pal