Vanessa permanecía sentada en el amplio alféizar de la ventana de su habitación, con las piernas recogidas contra el pecho y la mirada perdida en los jardines de la mansión. En sus manos apretaba el teléfono móvil, deslizando una y otra vez la pantalla sobre las fotografías que le había tomado a Beto en la joyería.
Aquella imagen de Roberto inclinándose sobre su asistente para probarle la esmeralda la consumía por dentro. En su mente, esas fotos eran la prueba irrefutable de que él era un hipóc