La risa de Zaid reverberó en el callejón, haciendo eco entre las paredes de ladrillo. Abrió la boca con desmesura, mostrando los dientes mientras su cuerpo se sacudía con cada exhalación entrecortada.
Reinhardt no apartó la mirada y su rostro seguía siendo una máscara de piedra. No estaba ahí para un espectáculo. No tenía intención de jugar bajo las reglas de Zaid ni de alimentar su diversión. Su único propósito era que soltara a Jordan. Y punto.
Zaid, aún riendo, llevó una mano a su rostro y se