C51: No soy tu maldito juguete.
Reinhardt comenzó a desabotonarse la camisa con una serenidad que no pasó desapercibida. No lo hacía de forma apresurada ni con la urgencia de quien necesita curarse rápidamente, sino con la misma deliberación con la que se haría algo personal, algo que solo él podría dominar. A cada botón que se soltaba, su vista se mantenía incrustada en Jordan, como si su simple presencia allí, con sus manos sujetando el botiquín, fuera parte de un juego mucho más grande.
Su mirada no era la de alguien que s