C187: El bajo mundo.
Lo más desconcertante de todo era que Reinhardt no parecía, en absoluto, molesto. Era bien sabido que él no era un hombre dado a exteriorizar sus emociones, ni a través de su rostro ni mediante palabras precipitadas. Su semblante, siempre imperturbable, solía mantenerse ajeno a cualquier turbulencia interna, como si las pasiones humanas no lo alcanzaran del todo.
Sin embargo, en ese instante, había algo en su mirada que hablaba en su lugar. Aunque su postura era serena, aunque sus gestos no tra