C186: La puerta a la desconfianza.
Cierto día, Reinhardt se encontraba solo en su oficina, sumido en el espeso aroma del cigarrillo que impregnaba el aire como una cortina densa e inundada de pensamientos. Fumaba en silencio, perdido en un océano de ideas turbulentas que golpeaban su mente con la misma insistencia con la que el humo se adhería a las paredes. Entre todo aquello, había un nombre que no lograba disipar, una sombra persistente que no le concedía paz: Dante. No lo había olvidado ni un solo instante. Los asuntos pendi