Reinhardt incrustó su mirada en Zaid con una intensidad helada, sus ojos no mostraban ni una chispa de emoción, pero había algo en su expresión que dejaba claro que no permitiría que nadie, y mucho menos él, tuviera el dominio sobre su persona. No se trataba solo de su físico o de su habilidad, era la fuerza de su voluntad que se reflejaba en cada movimiento. Aunque en su interior sabía que la situación era peligrosa, nunca daría la más mínima muestra de vulnerabilidad. Estaba acostumbrado a se