C152: Tú deberías quedarte aquí y esperar.
Cuando cruzaron el umbral de la casa, Reinhardt dejó escapar un suspiro cansado, pero no por agotamiento, sino por la tensión acumulada en cada uno de sus músculos.
El interior del lugar le sorprendió más de lo que habría querido admitir. A pesar de estar en medio de la nada, en una zona apartada y rural, la casa tenía cierto encanto rústico. Las paredes de madera, el mobiliario sencillo pero bien cuidado, la chimenea apagada con restos de ceniza que sugerían que, en algún momento, alguien habí