Jordan salió por la parte trasera de la casa, sintiendo la brisa cálida del campo acariciar su rostro mientras caminaba con paso decidido. Sus botas crujieron sobre la hierba seca mientras sus ojos recorrían el terreno en busca de algún indicio de vida. Pero lo único que encontró fue un inquietante silencio y el vasto espacio vacío donde antes solían estar los animales.
Se detuvo en seco, frunciendo el ceño con desconcierto. No había caballos, ni vacas, ni siquiera los perros que solían rondar