Las palabras la persiguieron incluso cuando se adentró en el bosque, tropezando entre la maleza y la humedad de la noche. La pala que aún sujetaba en su mano resbaló de sus dedos en algún punto, pero no se detuvo a buscarla. No podía. Su única opción era huir.
Tras un tiempo que pareció eterno, encontró una vieja guarida oculta entre los árboles, un refugio improvisado. Se acurrucó dentro, con la respiración descontrolada y los músculos temblando de agotamiento y miedo. Pensó que tal vez Zaid n