Blanca exhaló aire transmitiendo cierta preocupación, pero siempre mirándola con cariño.
—Ojalá hubieras podido seguir estudiando en vez de trabajar tanto.
Isabella bajó la mirada por un momento, pero luego sonrió con resignación.
—Es la vida que me tocó, Blanquita. Tal vez algún día pueda ir a la ciudad y estudiar algo… pero por ahora, debo quedarme aquí y seguir ahorrando.
—Sabes que esta casa siempre será tuya —le aseguró Blanca—. Si en algún momento decides regresar, estaremos aquí para ti.