Habiendo hablado con Tábata y ella, haciéndole saber que no había nada por qué estar disgustados el uno con el otro, Brandon se sintió mejor. Caminaba por los pasillos a punto de llegar a su oficina.
—Buenos días, señor Lambert —saludó su secretaria.
—Buenos días, ¿qué proyectos tenemos para hoy?
—Le mando los reportes en un momento.
—Gracias.
—Por cierto, adentro ya lo está esperando su amigo Enrique.
—Muchas gracias —, dijo Brandon siguiendo su camino.
Efectivamente, apenas abrió la puerta, s