Aníbal se enderezó para mirar a Mily
¿Estas bien? ¿Te duele mucho? – Mily sonrió, lágrimas caían suavemente –
Ya soy mujer, soy tú mujer – Aníbal sonrió y besó sus labios –
Eres mía, mi mujer, solo mía – Aníbal la abrazó, luego salió lentamente de ella, Mily sentía el vacío que dejaba, él se acostó a su lado y la abrazó – esto fue lo más hermoso que he vivido Amelia, como te sientes, ¿te duele mucho?
No, no me duele, solo una molestia, fuiste muy delicado, no creo que mi primera vez hubiera p