89 - Ojalá te pudras en tu veneno.
Anaís se encontró en la habitación del hospital, aún inundada de confusión y emociones. Había pasado tiempo desde que despertó y, aunque la idea de su hija la llenaba de alegría, también le generaba un profundo temor. Finalmente, decidió que debía conocerla. Se giró hacia la enfermera que había estado a su lado y con voz temblorosa pero firme, dijo:
— ¿Puedo conocer a mi hija?
La enfermera le avisó cálidamente y acercándose.
— Por supuesto, señorita Santana. La llevaré al sector prenatal donde