Anaís llegó a su edificio como un huracán contenido, con la mente dando vueltas y su corazón latiendo con fuerza. Apenas podía respirar, sintiendo que todo su mundo se desmoronaba después del encuentro con Estefanía y Bianca. Ernesto, el hombre que había logrado entrar en su corazón, resultaba estar comprometido, y todo su cuerpo vibraba con una mezcla de dolor, humillación y rabia.
Cuando estaba a punto de entrar al vestíbulo, una voz familiar la detuvo.
— ¡Anaís! — llamó Jorge, su exesposo, a