Ernesto asintió, sus pensamientos ya maquinando los próximos pasos. El peligro acechaba, pero si algo estaba claro, era que no iba a permitir que nada ni nadie se interpusiera entre él y Anaís.
— Vigila a Bianca y deshazte del hombre.
***
Anaís llegó al restaurante con unos minutos de antelación, su atuendo impecable y su porte elegante atrayendo algunas miradas curiosas. Había algo en ella que siempre irradiaba confianza y serenidad, aunque por dentro, la incertidumbre la carcomía. Había acept