Capítulo extra 2: El silencio del adios.
La habitación se volvió un murmullo lejano, las máquinas seguían funcionando, pero ya no eran suficientes. El cuerpo de Bianca, apenas sostenido por hilos invisibles, comenzaba a rendirse, su rostro, ahora sereno, era un reflejo de paz… o tal vez de resignación.
Natalia se apartó lentamente, sus lágrimas ya no eran de odio ni de dolor, eran de despedida, de esas que solo se derraman cuando, a pesar de todo, aún queda amor.
Emiliano no se movía, sostenía la mano de Bianca como si aún pudiera afe