Mundo ficciónIniciar sesiónGrasya no hizo caso.
Terminó de aflojar el último nudo y la gruesa cuerda cayó de las muñecas de Helios.Los puños de él se cerraron. Con un movimiento rápido y violento, su mano subió y se cerró con fuerza en la nuca de ella, los dedos hundidos en la piel suave justo lo suficiente para arrancarle un jadeo.—Te dije que no me desataras —masculló, con la mandíbula tensa y el fuego aún ardiendo en el fondo negro de sus ojos—. ¿Por qué lo hiciste?Grasya no re






