Su mente retrocedió tres días, a la tarde en que Lucian irrumpió en su despacho, con el rostro oscuro de rabia.
—Voy a vaciar a todos esos bastardos de Montecorvo y a desangrarlos —había gruñido Lucian, recorriendo la habitación de un lado a otro—. Literalmente.
—Realmente eres hijo de tu padre —había respondido Helios, tan calmado como siempre.
—Hay más, jefe. Linus envió palabra. Su inteligencia confirma que varios soldados de Montecorvo ya están en Santa Catalina. Manteniéndose en las sombra