Fue brusco. Exigente. Voraz. Su lengua invadió su boca, reclamándola de una forma brutal y posesiva, como si estuviera marcando cada centímetro de ella, cuerpo y alma, con su propiedad. Como si al firmar ese contrato ella hubiera renunciado a todo derecho sobre sí misma. Como si desde ese momento no hubiera ninguna parte de ella que no le perteneciera por completo al jefe de la mafia.
Cuando por fin liberó sus labios, ella quedó jadeando, con el pecho agitado y el corazón latiéndole desbocado c