—Helios, ¿qué te pasa? ¿Por qué siento que estás furioso conmigo? ¿Qué he hecho?
Grasya miró al jefe de la mafia con los ojos muy abiertos, buscando respuestas. ¿De dónde salía esa rabia afilada como una navaja? ¿Por qué la trataba así?
El hombre se quedó congelado. La dura línea de su mandíbula se suavizó, aunque solo un poco.
Grasya soltó un largo y lento suspiro. Apartó con suavidad la mano que él mantenía pesada e inflexible sobre su hombro, tomó el control remoto y apagó la pantalla. El si