¿De verdad Grasya nunca más lo dejaría verla?
Un codo suave pero firme se clavó en su brazo, arrancando a Severen de golpe de sus pensamientos dispersos. Giró la cabeza y allí estaba su prometida, sentada justo a su lado. Compartían el columpio del jardín, en el mismo lugar exacto donde había visto a su exnovia por última vez.
Ella nunca regresó después de aquel día. Ni una sola vez. Simplemente desapareció de su mundo por completo.
—¿Sev? ¿En qué diablos estás pensando, ahí tan callado y lejan