—¡Por supuesto! — aseguró Benedicto y sonrió al soltarlo — yo me encargaré que tu velada sea única – respondió sin dudar.
—Entonces ten — le dijo el rubio y le lanzó las llaves de su departamento mientras se retiraba al interior del gimnasio.
—¡Hey jefe! — le gritó al tenerlas en sus manos. —Regina es muy linda, y si me lo preguntas, no creo que el amor humano sea tan malo — finalizó al guiñarle un ojo.
Aunque su segundo al mandos y amigo no la mencionó, sabía que no haría ese tipo de cosas por