Fiama permaneció de pie y la miró para abajo — A nada, sencillamente me cansé de jugar; es tiempo de recuperar lo mío— mencionó fríamente.
Barbara sonrió y negó en silencio —algo me dice que ya tiene rato que perdiste –
Fiama arrugó el ceño molesta — estupideces, si esa niña piensa que puede venir a quitarme a Giovanni está muy equivocada… él necesita una mujer no a esa insulsa chiquilla que no podría calentar la cama de nadie – respondió con arrogancia.
—¿No fuiste tú misma la que los vio haci