—Definitivamente cuando no es mi día… no es mi día— se lamentó Regina al guardar en su pequeña bolsa su móvil y su billetera luego de haber comprado un poco de comida en ese, su lugar de trabajo.
—Una mala noche para no traer auto— mencionó la joven compañera de trabajo que cubriría el turno de noche.
—Lo sé— mencionó la pelinegra sin mucho ánimo.
Después de que Giancarlo casi le asegurara tales cosas de Giovanni y Fiama, su corazón se había apretado tanto que la consumía en dolor o angustia, y