Los ojos fríos azules y molestos del rubio se mantenían pendientes de cada movimiento de Regina y el idiota de Giancarlo… él había regresado a la trabajo para buscarla al concluir que se había comportado como un idiota, luego de haber partido al salir antes; no seguir molesto con ella y lo que menos esperó fue encontrarla con ese imbécil, pero ella, lo había rechazado a todas luces, incluso, el idiota moreno parecía demasiado disgustado.
Sonrió al ver el auto de la pelinegra abandonar el lugar