Regina caminaba por las calles oscuras hasta nuevamente llegar hasta aquella iglesia en donde sabia, se hallaba aquel amable seminarista que le había confesado ser compañero de una mujer lobo. Sentía los nervios a flor de piel, sabiendo que en cualquier momento Giovanni podría entrar en sus pensamientos para averiguar en donde estaba. Tenia que darse prisa en charlar con ese hombre.
—Bienvenida señorita Martinelli, la estaba esperando —
Repentinamente las puertas de la iglesia se abrieron y la