Él sonrió —entonces hagamos un poco de ruido, Regina — mencionó sugestivamente y mientras una mano se presionaba contra su intimidad, sobre el short, la otra acariciaba sus senos bajo la ropa.
Regina apretó sus manos contra la mesa al sentir el miembro del joven endurecerse… ella negó despacio y gimió cuando el aliento del rubio chocó en su cuello.
—No sabes las ganas que tengo de estar dentro de ti — confesó el joven provocando un húmedo cosquilleó en la intimidad de la pelinegra — penetrarte