87. Avergonzada
Andrea corrió por el pasillo del hospital, el olor a desinfectante inundando sus fosas nasales. Sus pasos resonaban en el suelo de linóleo, mezclándose con el pitido constante de las máquinas y los murmullos apagados de las conversaciones
Al doblar la esquina, la escena que los recibió fue desgarradora. La madre de Javier y Cassandra estaban abrazadas, sus sollozos ahogados contra el hombro de la otra. Andrea sintió un nudo en la garganta. Horas antes, había pensado que lo ocurrido en el baño d