Aquiles
—Por favor dime que te has quitado todo en la oficina y que no te has paseado así por el edificio —. La miré de arriba abajo, cogí aire y me llevé la mano al pecho —. No veo tu ropa por aquí.
Alzó las cejas divertida, mientras que yo estaba a punto de sufrir un infarto.
—Claro que no caminé así por los pasillos —le restó importancia —. ¡¿Cómo se te ocurre?! Llevaba eso —. Señaló un impermeable que descansaba sobre un sofá que se encontraba tras de mí. «Santo cielo» —. Me cam