—Jenny está sola y embarazada, ¿qué tiene de malo que la ayude? —respondió Miguel con indiferencia.
Jenny le había salvado la vida una vez, así que era natural que él la ayudara ahora que estaba en problemas. En cambio, Laura siempre le reprochaba su ayuda a Jenny. Su mezquindad la hacía un ser desagradable.
Laura, al ver su actitud despreocupada, supo que no tenía caso alguno seguir hablando. ¡Nadie puede despertar a quien se hace el dormido!
—Solo tienes que ir conmigo a tramitar el divorcio,