Poco después, Mario entró a la oficina.
Miguel levantó la vista buscando detrás de él. —¿Dónde está Laura?
Mario vaciló por un momento antes de responder: —¡Mandé a buscarla al baño de mujeres, pero no hay nadie!
Apenas terminó de hablar, el rostro de Miguel se ensombreció. —¡Llámala! ¡Que se venga de inmediato! Si no, ¡que se atenga a las consecuencias!
Mario lo miró, preocupándose en silencio por Laura.
¿Qué habrá hecho la señora Soto para que el señor Soto esté tan furioso?
—¡Llámala ya! —ord