—Sé que me odias, Laura, ¡pero de verdad quiero hablar contigo! ¡No tienes que preocuparte, no te haré nada! —el tono de Jenny era muy serio.
Laura esbozó una sonrisa burlona. —Está bien, ven ahora a la oficina de Miguel, hablemos los tres juntos.
Ella no necesitaba recurrir a trucos sucios. De otro modo, ¿cómo se atrevería Jenny a pisotearla de esa manera?
—¿Fuiste a ver a Miguel? ¿Para qué lo buscaste? —la voz de Jenny subió varios decibeles, sonando bastante alterada.
—Por supuesto que busco