Laura se preocupó al darse cuenta y sus mejillas se sonrojaron un poco.
—Me mordí el labio sin querer —dijo.
Aunque en realidad, había mordido los labios de Miguel.
—Toma, límpiate —Patricia le extendió un pañuelo.
Los ojos oscuros de Santiago eran profundos e indescriptibles, imposible saber qué pasaba por su mente.
Laura tomó el pañuelo y se limpió la boca, recordando con molestia el atrevido comportamiento de Miguel afuera del baño.
"¿Qué se cree Miguel?", pensó. "¡Besándome cuando se le da