Manolo respondió: —Voy a fumar un cigarrillo.
No podía calmar la angustia que sentía en su corazón.
Laura asintió y dejó que Manolo se marchara. Se acercó a grandes pasos hasta la cama y, al ver el estado de Patricia, sintió una profunda tristeza. —¡Patricia! —exclamó, sin poder contener el llanto.
Patricia también lloró: —Laura, ¡ahora soy una inválida!
—No, no eres una inválida. Podrás ponerte de pie, caminar como una persona normal y llevar una vida normal —Laura intentó reconfortarla.
—¡He p