—Miguel, ¡ustedes están divorciados! ¿Qué crees que haces? —exclamó Fabio con una mirada penetrante. Miguel no tenía ningún derecho de llevarse a Laura.
—¿Acaso no te contó que anoche suplicó volver conmigo para salvar a Santiago? —se burló Miguel con una sonrisa fría antes de bajar la mirada hacia Laura—. ¿No es así, señorita Sánchez?
—¡Cállate! —Laura lo fulminó con la mirada. ¡Nadie le había pedido que hablara!
Fabio respiró profundamente. Lo sucedido anoche aún era una espina clavada en su c