Antes de venir a devolver la pulsera, Jenny había llamado a su suegra, quien ya debería estar arriba. ¡Si Miguel subía, arruinaría por completo los planes de su suegra!
No podía permitir que Miguel se fuera.
Miguel se volteó y posó su mirada en la mano de Jenny, con un tono aterrador:
‒ Ya te lo dije, si no te sientes bien, quédate en casa descansando. ¡No andes por ahí! Tú decidiste tener este bebé, así que es tu responsabilidad cuidarlo, ¿entendido?
Su voz, aunque baja, transmitía una amenaza