Al escuchar las palabras de Emiliano, Fiona pareció quedarse sin fuerzas, como si le hubieran drenado toda la energía.
‒ ¡La muerte de Diego es mi culpa! ¡Yo lo maté! ‒ murmuró entredientes.
Emiliano, irritado por la escena, le gritó:
‒ ¡Lárgate de aquí! ¡No te quedes! ¡Lo que yo decida en este momento no lo vas a poder cambiar!
Miguel tenía casi diez años cuando lo trajeron a los Soto. Durante su crecimiento habían pasado muchas cosas, por eso no confiaba en nadie y rechazaba cualquier tipo de