Qué alivio haber terminado con él, si no, ¡cuánto le habría dolido escuchar esas palabras!
—¿Estás bien? —preguntó Fabio al verla pensativa.
—No es nada, vamos a comer —respondió Laura con una sonrisa radiante.
Apenas llegaron a la mesa, la esposa del profesor comentó con tono juguetón —Por tu actitud, parece que nos ocultas alguna buena noticia.
El corazón de Laura se estremeció. Negó instintivamente con la cabeza, un gesto sutil pero firme, como diciéndose a sí misma: no es momento de revelarl