Milena seguía a Manolo, percibiendo el sutil aroma a jazmín que emanaba de él.
No pudo evitar preguntarse qué tipo de hombre sería realmente.
—Siéntate.
La voz la sacó de sus pensamientos.
Sin darse cuenta, habían entrado en el salón privado.
—¿Qué pasa? ¿Soy tan guapo? No dejas de mirarme —bromeó Manolo, como si fueran viejos amigos.
Y eso que era la primera vez que se veían.
Milena se sentó, girándose para agradecerle.
Manolo tomó asiento frente a ella.
El camarero trajo bebidas y aperitivos.