Laura se puso de pie, mirando hacia el horizonte con determinación, como si ya pudiera ver el camino desconocido y lleno de desafíos que estaba a punto de emprender. Emiliano, por su parte, permaneció inmóvil, observando su silueta alejarse, su corazón dividido entre la tristeza de la despedida y las infinitas esperanzas por el futuro de su nieta.
La noche se hacía más profunda y la mansión de los Soto volvía a su habitual serenidad, pero la decisión tomada esa noche era como una piedra arrojada